Por lo que respecta a la "sobrecarga informativa", en expresión de Alvin Toffler, o a la infoxicación", en expresión de Alfons Cornella, creo que efectivamente es uno de los peligros más dañinos a que estamos expuestos los usuarios de internet. Efectivamente, en la red hay tan excesiva información, que hay que aprender a tener claro qué es lo que nos interesa y cómo encontrarlo, y a dejar de lado todo aquello que nos distrae; pues, de lo contrario, la dispersión mental está asegurada, como viene alertando, entre otros, Nicholas Carr en sus ensayos a partir de su propia experiencia.
Sin embargo, hay un peligro, desde mi punto de vista, más temible, y es el que la gran mayoría de las personas ya ni siquiera utilizan la red para informarse, sino para "conectarse al vacío", como muy bien reflexiona Sergio Sinay en el libro en el que alerta sobre el protagonismo, en la vida de las personas, de los móviles "inteligentes" y otros dispositivos utilizados casi siempre para estar atentos al ruido de mensajes durante las veinticuatro horas de cada día. Desafortunadamente, es el paisaje que nos encontramos entre niños y mayores en todos los ámbitos: en casa, en la escuela y en el trabajo. Es acongojante observar a parejas y a grupos de personas juntos pero solos ante sus dispositivos.
Creo que debemos aprender a desconectarnos del "ruido" que a nada lleva y optar, en la medida de lo posible, por las vivencias y la atención plena a nuestro presente tanto en soledad como en compañía.
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